Cuando cotejamos lo que ellos dicen con la vida real que padecemos, lo único que sentimos es una tremenda indignación por el fabuloso saqueo de nuestras riquezas y la explotación del esfuerzo, que generamos los trabajadores y el pueblo.
La desnutrición infantil y el hambre, la
falta de una vivienda digna para millones, los trastornos que
afrontamos cada vez que necesitamos resolver un problema de salud o con
la escuela de nuestros hijos, los salarios miserables (recordemos que el 70% de los asalariados recibe no más de $ 3.500),
las cada vez más horas que debemos trabajar trasladándonos peor que
animales; en fin, el suplicio de sobrevivir cada mes, es la única y
verdadera cara de “el modelo”, que no es otra cosa que la descomposición del sistema capitalista en su máxima expresión.
Está claro que para ellos lo importante es la ganancia y sus negocios. NOSOTROS NO FIGURAMOS. Vendríamos a ser una especie de “mal necesario”
al que necesitan explotar y exprimir al mango, sin ninguna “necesidad”
que nuestras condiciones de vida mejoren. Por el contrario, si ellos ganan más es a costa de nuestro sacrificio y sufrimiento, por ende, cuanto mejor les va a ellos, a nosotros nos va peor.
La profundización de la miseria y de las injusticias sociales que este mismo “modelo” genera
y reproduce es lo que tratan permanentemente de ocultar y silenciar,
llegando al burdo de dibujar índices y estadísticas para señalar que si
una persona dispone de $ 5.70 (cinco pesos con setenta) por día, ya no es indigente… y si es lo suficientemente agraciado y dispone de $ 12.70 por día, ya no es pobre…
Este es el orden impuesto por los monopolios transnacionales y toda su corte de políticos “oficiales” y “opositores”, TODOS responsables de nuestros pesares.
Pero, contrariamente a lo que ellos esperan como clase y como hacedores de este “modelo”,
la superexplotación y la miseria sólo provoca mayor indignación y más
descreimiento político de las masas hacia todos ellos; y la convicción
de que el único camino que nos queda por recorrer para conquistar una
vida digna es responderles con mayores movilizaciones y luchas,
organizándonos por fuera de sus mandatos y desplegando el enorme
potencial que llevamos acumulado.
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