La dictadura de Lanusse, en su vetiginosa caída, acosada por un estado de lucha y movilizacion creciente, creyó que con la matanza escarmentaría al pueblo y su vanguardia. Ocurrió todo lo contrario. Los fusilamientos despertaron aún más la bronca contenida, y nuevos sectores se lanzaron a las calles.
A 40 años, aquellos compañeros volvieron
a ser recordados de diversas formas; hubo recordaciones oficiales,
queriendo adueñarse y disvirtuar ese compromiso, presentándolos sólo
como una lucha “por la democracia”; hubo recordaciones de los que han
abandonado las banderas, recordándolos como “el sueño perdido”, la
melancolía de algo que pudo haber sido y no fue; pero hubo y hay también
otras, las más importantes, y destacadas, aunque ellas no ocupen
espacios en los medios y pasen casi sin pena ni gloria para para la iconografía superestructural. Es
el homenaje que le rinde nuestro pueblo en cada fábrica, en cada
escuela, en cada barrio, levantando los viejos y nuevos anhelos de
justicia y libertad, los anhelos de Revolución y Socialismo, por los que esos compañeros entregaron sus vidas, esos anhelos que hoy están más vivos que nunca.
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