miércoles, 4 de diciembre de 2013

Chaco: movilización, lucha y organización frente a los planes del poder

“Y no nos importa si nos sacan, seguro que algunos moriremos, seremos golpeados, pero de ninguna manera nos van a quitar lo que logramos conseguir con tantas luchas”, (Rafael Sánchez, del MTD 1° de Mayo, Castelli).
Esta es la disposición de lucha que existe en el pueblo chaqueño y que se expresa en los cuarenta cortes de rutas a lo largo y ancho de la provincia, para enfrentar la política de represión y ajuste del nuevo gobernador, CHIYOFFF IBANOFF.
El grado de unidad y coordinación alcanzado por los sectores en lucha (docentes, precarizados, judiciales, Movimientos sociales, pueblos originarios),  marca un  avance cualitativamente distinto en el proceso de lucha, que prueba fuerzas con los representantes de la política de los grupos monopólicos que gobiernan la provincia.
Esta nueva etapa recién comienza y se avizora que será altamente conflictiva, donde el margen de maniobras del gobierno por la movilización y lucha del pueblo esta acotado.
Por otro lado, los trabajadores, los marginados, los empleados, docentes y obreros ya no quieren seguir viviendo más en la miseria, con la falta de seguridad laboral, falta de seguridad sanitaria, de seguridad habitacional y de seguridad educativa.
Tampoco podrán reprimir a toda la provincia movilizada, y dispersa en decenas de localidades en lucha; además porque la propia policía también cobra sueldos de hambre y miseria, y el ejemplo de la toma de la comisaría de  Miraflores por parte de la población ya es un ejemplo contagioso que se puede propagar rápidamente.
De Sausalito a Castelli, de Saenz Peña a Resistencia, pasando por Quitilipi y Machagay.  De Pampa del Indio,  a Gral. San Martín, los pobres de la ciudad y el campo estamos movilizados y coordinados en un verdadero ejercicio de democracia directa, donde nos reunimos los que podemos pese a las distancias, no comunicamos con mensajes y llamadas, nos consultamos y resolvemos entre todos las acciones a seguir. Estamos construyendo el germen de otro tipo de democracia. La democracia revolucionaria.
Unir las luchas y crear junto con todos los compañeros revolucionarios, que ya no queremos vivir más sometidos por el poder de los monopolios, las herramientas políticas del pueblo, para crear las condiciones que nos permitan avanzar hacia la construcción de un poder revolucionario que traiga verdadera solución a las necesidades, terminar con las privaciones y la miseria y construir una sociedad donde los esencial sea la dignidad del Hombre como ser humano y no las ganancias la burguesía. Luchamos por el socialismo.
Hoy Cortamos las rutas por:
1) Las promesas incumplidas
2) Amnistía ya! a todos los luchadores sociales
3) Por un bono de $ 2.000 para fin de año.

La “previsibilidad”: un paraguas agujereado

 Tras la verborragia de cada una de sus declaraciones, como proclamado vocero de los monopolios, una nueva palabreja se ha entronizado y mediatizado en cada aclaración, en cada respuesta, discurso o entrevista del nuevo jefe de gabinete: la previsibilidad.
La previsibilidad para esto o aquello. Es decir frente a la crisis política y a la debilidad sustancial instalada en el gobierno, la previsibilidad aparece como el leiv motiv de toda su acción. Como el intento desesperado de contrarrestar mediante  acuerdos políticos, con los monopolios industriales, financieros, los gremios y los gobernantes de la llamada oposición, el tembladeral que implica para la superestructura la aplicación del ajuste; no sólo por la agudización de sus contradicciones intestinas sino por las consecuencias políticas que trae desde la ofensiva de masas.
La previsibilidad es pues, el modo de abrir el paraguas frente a lo que se les viene desde la clase obrera y el pueblo.  “Queremos que el impacto sea gradual” apuntó el Ministro  Kicillof en una de sus declaraciones y la previsibilidad pretende eso. No hacer gradual el ajuste sino el impacto.  Este es un escenario de apresuramientos por hacer, del ajuste, la esencia de la política del poder para descargar su crisis en los trabajadores y el pueblo.
Es decir, no hay nada nuevo bajo el sol. Y la pretensión de disimular mediáticamente y por otros medios la dureza de esta política de los monopolios, equivale a echar más leña al fuego. De allí que sus vacilaciones se dejan sentir a cada paso cuando la confrontación desde abajo rompe con sus intentos en las fábricas, los barrios, etc.
No es casual, por ejemplo, que el eje de las reuniones con las expresiones del poder monopólico y con los gremios haya sido la productividad y el planchamiento de los aumentos salariales, no sólo en referencia a una compensación por fuera del aguinaldo, que por lo menos amortigüe los niveles inflacionarios, sino en referencia a las paritarias venideras, a las que por lógica les quieren poner un tope. Que por otra parte, ya plantea una enconada respuesta desde las propias cúpulas gremiales oficiales y opuestas, que sienten el aliento en la nuca de los trabajadores.
En resumen, la previsibilidad es pretender acordar el ajuste en un marco de crisis política, dominado por sus propias contradicciones e inmersa en una lucha de clases aguda, que comienza a ser dominada por la impronta de las luchas  populares, a las que no pueden frenar y a las que la burguesía intenta responder desde el lugar de acoso al que se ve sometida como clase.
Desde la unidad y la acción política de todo el pueblo, el poder monopólico y su gobierno deben sentir con la movilización y en las calles, que al ajuste ya le bajamos el pulgar.

La “paz” que pretende la burguesía

Luego de la entrevista con el Papa Francisco en Roma, la cúpula de la CGT “oficial” volvió a la Argentina con un discurso de exaltación de la “unidad nacional”, “la responsabilidad” y la “búsqueda de la paz”.
No es nuevo que en etapas de crisis política y económica, en los albores de un ajuste que viene a intentar hacer pagar a los trabajadores y el pueblo la crisis de la burguesía, los “gerentes” sindicales salgan con discursos unificadores. Entonces, los reclamos y reivindicaciones deben quedar para otro momento; es época de cuidar las fuentes de trabajo y no de pedir aumentos salariales ni mejores condiciones de trabajo; prioricemos la “unidad nacional” para salir adelante. En resumen, con el tan utilizado “no hagamos olas”, el aporte que el proletariado debe ofrecer a la Nación es, precisamente, resignar sus intereses en pos de un supuesto interés común supremo.
Ahora bien, ese interés supremo no es otro que el supremo interés de la burguesía monopolista por no resignar un ápice de sus ganancias; para ello, recurre a los discursos de la unidad nacional tratando de mostrar coincidencia entre los intereses de todo el pueblo con sus propios intereses cuando, precisamente, lo que pretende la clase dominante es imponer sus soluciones a la crisis atacando los intereses de las mayorías populares.
En este contexto, el papel de los popes del gremialismo es el de actuar como bomberos de la crisis ante el sector más inflamable: la clase obrera. Ellos son parte de la política de la burguesía en sus intentos por frenar las luchas, por contener lo incontenible que se está manifestando en cada centro de trabajo, como lo afirman las usinas de la burguesía hasta en sus propios medios de difusión (ver http://www.cronista.com/contenidos/2013/11/19/noticia_0018.html).
El proletariado argentino ha dado grandes pasos en su organización político reivindicativa, con el protagonismo decisivo de nuevas dirigencias surgidas en los últimos años de luchas, con un compromiso sólido con las bases obreras, con la conformación de formas organizativas en las que lo primordial y determinante es el ejercicio de la democracia directa; esta experiencia se da en un marco en el que la unidad de clase y su independencia política se desarrollan y crecen, por lo que crece también el nivel del enfrentamiento con la clase burguesa. Por lo tanto, la lucha no sólo seguirá en ascenso en cuanto a la cantidad e intensidad sino, y fundamentalmente, en cuanto al carácter político que irá adquiriendo en una lucha de clase contra clase, en la que cada contendiente está poniendo en juego la disputa en el plano de la dominación: la burguesía para mantenerla y acrecentarla, el proletariado para cuestionarla y avanzar en la derrota definitiva de su enemigo de clase.
El intento de las cúpulas por evitar este enfrentamiento, entonces, es parte del vano intento burgués por postergar y maniatar al indomable proletariado argentino.

Acuerdo YPF-Repsol: con la velocidad de un auto de alta gama

De 0 a 100 km/h, en 10 segundos. Ésta es una de las características que se destacan promocionalmente para la venta de automóviles.
Si se hubiese promocionado la expropiación de YPF a favor del capital financiero internacional, la promoción hubiera sido similar.
Pues con la “nacionalización” de YPF, en un año y medio se pasó de $ 0 a US$ 5.000 millones. Recordemos al respecto la altisonante declamación de Kicillof al momento del traspaso de las acciones de YPF a manos del Estado, mediante la cual dijo que no se le pagaría un peso a Repsol.
Como ocurre con todos los negocios de los monopolios, el Estado absorbe dinero del trabajo y esfuerzo de las mayorías laboriosas y, a través de mecanismos legales, pero espurios, como todas las decisiones gubernamentales, legislativas y judiciales de los funcionarios del Estado, se los entrega a los dueños de esas empresas monopolistas.
Con el Capitalismo Monopolista de Estado, o sea, un Estado en manos de la oligarquía financiera, las privatizaciones o las “nacionalizaciones” son todos negocios para el mismo sector de clase. Claro que esos negocios, como todo el funcionamiento del sistema capitalista, se hace con los dineros y esfuerzo del pueblo en beneficio de esa porción más concentrada de la burguesía monopolista.
En definitiva, el Estado destinará la suma millonaria descrita a pagarle a Repsol en concepto de “compensación” por la expropiación de YPF. Pero, el beneficio de que se haya nacionalizado esa petrolera, será usufructuado por Chevron y otras empresas con las cuales el Estado argentino realiza acuerdos de explotación de los hidrocarburos y gas natural, a cambio de chirolas que también destinará a subsidios de monopolios y otros menesteres igualmente repudiables, tal como lo viene haciendo independientemente de quién esté al frente del gobierno.
Mientras el Estado esté al servicio de los monopolios, toda privatización y toda nacionalización serán negocios para la oligarquía financiera y una desgracia para el pueblo.
La única “decisión” que un Estado al servicio del capital financiero puede tomar en favor del pueblo, es la que se ve obligado a otorgar, o sea, la que se arranca por medio de la lucha y la presión de la movilización popular.
Nuestro destino como pueblo, no es otro que enfrentar esa situación, profundizar y generalizar las luchas por nuestros intereses, a caballo de la gran crisis política que tiene el poder de esa oligarquía financiera y sus personeros gubernamentales quienes no pueden engañar al pueblo,  hasta arrancar, de manos de la oligarquía parasitaria, el Estado a su servicio, destruirlo sin miramientos y, sobre sus ruinas, construir el Estado revolucionario basado en la organización de todo el pueblo trabajador movilizado a conquistar sus aspiraciones relegadas durante años. 

Ni un solo ajuste al pueblo


Una reflexión sobre el capitalismo

El sistema capitalista ha nivelado a los pueblos del mundo hacia abajo.
El freno a las fuerzas productivas que producen las actuales relaciones sociales solo será posible desatarlas con revoluciones sociales que pongan en consonancia ambas premisas.
¿Qué queremos decir con esto?
Que el Hombre, principal fuerza productiva está en una sociedad que no puede realizarse como Hombre, que la causa fundamental que lo tiene aprisionado en su vida material y espiritual es que la propiedad de los medios de producción está cada vez más concentrada en pocas manos.
Para que el Hombre pueda entrar en la historia como Hombre se debe resolver esta cuestión, es decir que la propiedad de los medios de producción pase a manos de las mayorías que las han creado a través de una revolución social que derribe el gran muro de estancamiento y decadencia.
El capitalismo, en la etapa del Capitalismo Monopolista de Estado solo puede producir dolor a 7000 millones de seres humanos que habitan nuestro planeta, ya no es necesario hacer un desarrollo de los males del sistema capitalista, todos, absolutamente todos están a la vista.
Sin embargo lo dominante en el planeta sigue siendo el capitalismo, el cual está atravesando una época de convulsiones políticas y sociales de imprevisibles consecuencias. Esa dominación a manos de la oligarquía financiera se encuentra en su propio seno con profundas crisis políticas, el proceso de concentración económica y centralización de capitales declara guerras abiertas y solapadas en su propio seno que se vieron agudizadas a partir del 2008 con la caída de sistema financiero mundial en la cuna del capitalismo.
 Esas guerras a las que hacíamos mención son guerras interimperialista es por el apoderamiento de los mercados y por el proceso necesario de concentración que se está produciendo en forma acelerada.
La dominación de clase atraviesa una crisis política inédita que se manifiesta en esas guerras interimperialistas que se profundiza en el tiempo y que no tiene visos de solución, es decir un agravamiento en dar respuesta por un período histórico prudencial de imponer una facción de la oligarquía financiera por sobre otra como fue después de la segunda guerra mundial.
Todo, absolutamente todo está bajo el signo de esa crisis política y en los marcos de guerra interimperialista.
Pero… ¿Qué es lo que provoca este fenómeno histórico de gran trascendencia en la etapa de crisis permanente?
¿Por qué la oligarquía financiera en sus guerras de intereses esconde el verdadero motivo de su gran debilidad histórica? ¿Y en ello se unifican sin vacilaciones?
La crisis política de la oligarquía financiera es expresión de la crisis estructural de todo el sistema capitalista y se manifiesta en lo fundamental porque los pueblos del mundo y su clase obrera en particular de una u otra manera expresan que ya no quieren vivir como están viviendo, manifestándose de infinitas formas como infinitos son los sueños del Hombre de vivir una vida digna.
En este contexto histórico muy resumido existen avanzadas que van marcando claramente ese rechazo al sistema capitalista. Hay avanzadas de explosiones sociales, avanzadas que van ganando las calles y profundizan vacilaciones en la dominación de clases, avanzadas que se traducen  en luchas de conquistas económicas y políticas, avanzadas que en medio de ofensivas de la oligarquía financiera se reagrupan fuerzas políticas y sociales de lo más profundo del pueblo, avanzadas en fin que de una u otra manera ponen  al descubierto la crueldad del sistema capitalista.
Pero hay avanzadas que están poniendo sobre la mesa una vez más la idea de la Revolución Socialista.
Es decir ya no solo son avanzadas por saber lo que no se quiere que es la institucionalidad de los Estados Capitalistas con su diversidad de formas de dominación, sino que se comienza a introducir y como fenómeno de masas la lucha contra el poder de la oligarquía financiera y la construcción de un Estado Revolucionario que desate de una vez por todas las fuerzas productivas con las nuevas  relaciones sociales impuestas por la Revolución.
En nuestro país el problema de la revolución está a la orden del día, es una de las avanzadas  necesarias  que ayudarán en este torrente inmenso de aspiraciones de cambio que recorre el mundo a marcar un camino preciso de salida para la sociedad Humana planetaria.
Es imprescindible una revolución social que  imponga un cambio de las relaciones sociales, no se trata de “farsas revolucionarias”  que favorecen desde su fraseología poner muros desde el engaño al embate de las luchas populares. Los pueblos del mundo no estamos solos, avanzadas por la vida digna recorren los Estados pero hoy por hoy la salida es la revolución y en nuestro país se aporta decididamente en ese sentido histórico.
Estamos convencidos que en este sentido hay que persistir en la lucha política e ideológica contra la burguesía monopolista y sus séquito de ideólogos que han querido enterrar la idea de revolución socialista. Cada lucha, cada movilización, cada acción por más pequeña que ella parezca tiene que introducir de una u otra forma la idea de revolución. Hay una alternativa política de salida a la oscuridad que ofrece el sistema y desde esas confrontaciones que se están dando esa salida revolucionaria tiene que estar en manos de todo el pueblo.
Una avanzada entre tantas en el mundo de los pueblos explotados y oprimidos que pone sobre la mesa la vigencia de la revolución social.

La única posibilidad de solución está en manos de los trabajadores y el pueblo

Transcurren días alborotados para la burguesía y su gobierno de turno, con viciados aires de un “cambio” que no es tal, más allá de una readecuación de nombres en pos de continuar garantizando planes y ganancias a la oligarquía financiera. Como ya lo hemos señalado en sendos artículos publicados recientemente, ninguna solución podemos esperar los trabajadores y el pueblo si la misma viene de la mano de medidas económicas o recambio de caripelas dirigidas y orquestadas por la clase en el poder. Por más que lo intenten, y como el conflicto es de carácter político, la burguesía no podrá resolver ni el más mínimo de los problemas de esta crisis estructural del capitalismo, más allá de las movidas que intente como manotazo de ahogado. La única posibilidad de solución está en manos de los trabajadores y el pueblo. Podemos. Y debemos. Continuemos transitando y profundizando el camino de la lucha, la unidad y la organización por un proyecto revolucionario, capaz de cambiar de cuajo la lógica de la organización social que nos impone este sistema inhumano. La confrontación de fondo está clara y responde a intereses de clase: o son las ganancias de un puñado de parásitos o son las necesidades y las aspiraciones del ser humano. Por eso, en medio de toda la fanfarria burguesa, que ahora incluye conferencias “de prensa” y “diálogo” con los periodistas, el fin de año que se avecina muy lejos está de transformarse en un lecho de rosas para sus intenciones de ajuste. En diversos sectores laborales y a pesar de que durante el año en curso se había llegado a algún tipo de “acuerdo” salarial, la cosa no aguanta, no hay tregua que valga y ni soñar que se vaya a esperar a marzo o abril del año que viene. Está claro que los aumentos fueron insuficientes y por eso comienza a imponerse una lucha en común por un bonus de fin de año, unido a otros reclamos, entre los que se destacan fuertes mejoras en las condiciones de trabajo. Medios de la burguesía ya señalan que “existen pocas posibilidades de estirar los beneficios al personal en este último tramo, por lo que es muy probable que desaten medidas de acción directa, que golpearán fuerte una paz social efímera y poco sustentable”. Lo que queda en evidencia es que frente a la realidad concreta no hay discurso ni escenografía que valga. El descontento y la bronca en las bases son crecientes y superan todas las posibles respuestas que hoy pueden dar los sindicatos. La lucha de los trabajadores busca una resolución concreta y respuestas inmediatas a temas urgentes, como lo son el poder adquisitivo del salario y las condiciones laborales. Agrega el artículo de referencia: “El estado asambleario en el que se encuentran muchas empresas, al estilo de lo que ocurre en los subterráneos de Buenos Aires, centra el poder de decisión en el grupo colectivo, y coloca a los representantes gremiales en un rol demandante frente al empleador, sujeto a rendición de cuentas y a resultados concretos, lo que genera un estado de caos imprevisible”… “Una nueva forma de “indignados” que no aceptan ni se resignan a los beneficios y mejoras logradas en estos últimos años y tienen aspiraciones que van mucho más allá de las expectativas normales”. Toda una verdadera pintura, que pone en el centro de la escena cuáles son las preocupaciones de fondo de una clase en el poder que navega a la deriva, producto del acenso de la lucha de clases y de niveles de confrontación que la desnudan políticamente.