sábado, 1 de marzo de 2014

Las calles son del pueblo porque las ganó


En los últimos meses la burguesía se ha lanzado a intentar “recuperar el control de la calle” con marchas y contramarchas, debido al alto costo político que paga el poder burgués que no dispone ni de crédito ni consenso popular. Por un lado, el gobierno ha ensayado, a través del secretario de Seguridad de la Nación, Sergio Berni, distintos desalojos de rutas y calles buscando la aprobación de los sectores más acomodados de la pequeña burguesía urbana que legalice políticamente su accionar. Por otro, varios gobernadores han hecho lo mismo, como el caso emblemático del gobernador del Chaco, Juan Carlos Bacileff Ivanoff, en un intento de disciplinar a los trabajadores y distintos sectores sociales, en la última semana, acorralado por las cotidianas manifestaciones populares que cortan rutas nacionales y bloquean todos los centros urbanos de la provincia, lanzó la represión dejando a 10 personas heridas y 20 detenidos generando el repudio de toda la sociedad.
La burguesía siempre presenta toda conquista y avance en las libertades políticas y sociales de nuestro pueblo como si fueran gracias a la “generosidad”,  “grandeza” y “espíritu democrático” del gobierno de turno y no por la lucha de nuestro pueblo. Para este sistemático ocultamiento de la verdad cuenta con la prensa escrita, radios, TV, donde desclasados intelectuales “progres” a sueldo y toda una caterva de “comunicadores” actuando al unísono, desde este gigantesco aparato de propaganda, ocultan verdades e instalan las mentiras.
Es así que en el ‘83 la derrota de su dictadura fascista fue gracias a sus partidos políticos y sus “líderes” y no por la larga lucha del todo el pueblo.
Del mismo modo, las restringidas y limitadas libertades políticas en la cual hoy nos movemos y que cotidianamente debemos defender frente a los intentos permanentes de recortarlas por parte de la burguesía y sus instituciones, son por su benevolencia y su “modelo de inclusión” y no por el gigantesco recule en todas sus líneas a que los obligaron, más precisamente desde el verano del 2001/ 2002 en adelante, las formidables movilizaciones populares y el “que se vayan todos…”.
Hoy pretenden “recuperar el control de las calles” con el discurso de que los cortes y movilizaciones perjudican a terceros y es necesario abandonar su “tolerancia” deformando la realidad y ocultando la lucha de muestro pueblo donde en miles de cortes y movilizaciones, a lo largo y ancho del país, conquistó e hizo suyas las rutas y las calles como el escenario más efectivo en la lucha política, social y reivindicativa. Lucha que, en más de dos décadas costó a ciento de miles de hombres y mujeres de nuestro pueblo, nunca mejor dicho, sangre, sudor y lágrimas, con decenas de muertos, casi 50 presos por luchar y más de 6 mil procesados.
Las calles son del pueblo y las defenderá como las ganó, con decisión y firmeza, masividad, simultaneidad y multiplicidad de acciones; única fórmula que cuenta el pueblo para hacer inútil la reacción burguesa, su gobierno y el Estado a su servicio.

Primero un intenso calor, ahora fuertes temporales y mañana…

Al leer el título, estimado lector, quizá pensó en el clima y tal vez no se equivoque, es el clima político, el de la lucha de clases que transita el díscolo camino de la inestabilidad.
Son semanas de mucho dolor, angustia, la clase dominante es caótica y nos lo hace saber a cada paso. Ella lo transmite en forma militante.
Lo curioso del tema es que a los ojos desprevenidos parecería que la lucha de clases no ha intervenido en la actual situación. En medio del caos que ha creado, la oligarquía financiera quiere demostrar que como clase toma iniciativas y el pueblo debe nuevamente empezar de cero su camino de conquistas.
Los revolucionarios que analizamos las cosas desde la lucha de clases pensamos que lo que estamos viviendo, desde hace mucho, es el constante rechazo de la clase obrera y el pueblo a las políticas de la burguesía. No fue en vano el despliegue de movilización, de metodologías revolucionarias, de nuevas y nuevas organizaciones autoconvocadas enfrentando toda política de injusticia política y social.
La burguesía monopolista y su actual gobierno no pudieron navegar por aguas tranquilas, su dominación de clase incipientemente cuestionada recibió embates muy duros desde la lucha popular. Estos enfrentamientos no sólo dividieron el frente burgués sino que dividieron también las aguas propias del gobierno. Lo debilitaron, lo hicieron meter en el laberinto de la crisis política.
Desde esta óptica que planteamos, la burguesía monopolista a pesar de seguir su marcha insaciable de negocios, trastabilla, toma iniciativas no duraderas con fuertes dudas. En el plano político quiere aparecer a los ojos de los explotados y oprimidos  como “clase dominante”.
Ellos vienen de atrás, en estas semanas, a su modo, y protegiendo sus intereses, ellos han dado respuestas a la lucha del pueblo. ¡A no confundirnos!
Son ellos que deberán soportar la andanada de iniciativas de lucha del pueblo en un espiral ascendente. Las cosas no están como antes,  se incrementa la necesidad de unir fuerzas bajo un proyecto político de cambio revolucionario, son cada vez más  las fuerzas decididas a enfrentarlos y ellos lo saben. Hay una nueva e insistente aspiración de importantes sectores de la sociedad a tener un puesto de lucha.
Los revolucionarios, dentro del enfrentamiento popular, los deberemos seguir atacando en todos los flancos, seguir batallando en la plena movilización de masas como hasta ahora, perfilar el timón hacia la salida de una alternativa política que sea leída en nuestro pueblo como revolucionaria y sentida en el corazón de millones como sólida para enfrentar los desafíos que la clase dominante nos impone.
Estamos bien desde la lucha y la masividad, lo mismo nos pasa con la vertebrada unidad popular que se está gestando desde el Llamamiento 17 de agosto y, no menos importante, las miles de fuerzas organizadas bien pegadas al pueblo que pululan en la sociedad explotada y oprimida, sin embargo hacemos un ferviente llamado a confiar en las fuerzas que estamos enfrentados al sistema, ser tolerantes de este lado de la barricada, deponer viejas prácticas que devienen del proceso electoralista. La confianza será la principal herramienta para que el potencial de fuerzas se siga transformando en fuerza material.
Es una época de mil batallas aún mayoritariamente desordenadas lo que nos advierte que desde lo más profundo de nuestro pueblo, de las fuerzas ya gestadas luchemos por aunar esas batallas sin perder de vista el norte de cambio revolucionario.

El monopolio, la pasión del gobierno


Cuando salimos a comprar los productos básicos y cotidianos  para comer, vemos en las góndolas unas pocas marcas que abarcan un porcentaje elevado de la producción y de llegada a cada hogar. Si hablamos de aceites, pan, leche, carnes, frutas, verduras etc., las grandes marcas son poseedoras  de un 80% de presencia en cada mesa. Con el correr de las décadas esa concentración no se detuvo con ningún gobierno de turno, por el contrario, cada uno de ellos trabajó y trabaja para adecuar el Estado a esos caprichos del sistema capitalista.
El proceso de concentración económica y de centralización de capitales no es producto de la voluntad de hombres o grupos, es un proceso inherente al sistema capitalista, la competencia por ganar el mercado es uno de los aspectos más notables de este proceso. Lo que sí es voluntad de los hombres y grupos es el sostener el sistema capitalista, el causante de esa feroz concentración económica.
Hasta un niño de edad escolar escucha de la palabra de la presidente que la “culpa es de los monopolios”, eso es muy cierto, aprobamos esa definición, pero…si el tema es tan claro ¿Por qué no se ataca la causa de por ejemplo los aumentos de precios? ¿Por qué no se enfrenta al monopolio?
Si entre La Serenísima y Sancor por ejemplo, producen y comercializan el 80%  de lácteos y los mismos aumentaron en pocos días porcentajes inauditos para el sentido común de todo el pueblo, ¿por qué no se atacó de lleno y con todo el peso del Estado a esos monopolios? Sra. Presidente usted, el gobierno que preside y el Estado que los ampara están llamados a sostener el sistema capitalista que protege en todas las circunstancias las políticas criminales de los monopolios.  Sus discursos hipócritas en “contra del monopolio” no hacen más que irritar el sentimiento popular y eso se lo “agradecemos” de sobre manera.
Usted y su oposición dentro del sistema tuvieron que hablar del Monopolio a millones, ustedes están sintiendo el aliento en la nuca y sienten que su pertenencia a esa minoría bien concentrada, que sigue nadando en la abundancia de negocios, está siendo cuestionada como nunca antes en nuestra historia, hoy cualquier hijo de vecino entiende, porque lo vive, de cómo estos gobiernos facilitan las políticas más concentradas comenzando a identificar al gobierno, al Estado y a los monopolios como armas letales de dominación contra el pueblo.  
Así como el sistema capitalista tiene voluntades para sostenerse en el tiempo, tiene Estado, tiene partidos políticos, también las grandes mayorías sufrientes del sistema comenzamos a tener voluntad de cambio de sistema, voluntad de lucha ya no sólo por conquistas económicas dentro del propio sistema vigente, sino aparece con mucha intensidad la necesidad de cambio revolucionario de sistema que imponga el respeto y la dignidad como bandera antagónica al negocio y el mercado que aplasta el futuro de la sociedad.

En “avatares” e “infortunios”, ¡¡¡no creemos más!!!


La burguesía pretende convencernos por todo los medios que el exceso de lluvias y las inundaciones son calamidades de la naturaleza y que nosotros somos responsables de agravar esas calamidades porque arrojamos basura a la calle tapando los sumideros o “elegimos” vivir en zonas bajas e inundables.
Lo que ocultan realmente es que las modificaciones climáticas son producto del carácter depredador y genocida que tiene el sistema capitalista, los desmontes  para la producción de monocultivos como la soja, la destrucción de los glaciares y el consumo indiscriminado de agua por parte de las  empresas mineras, la destrucción de humedales, la modificación azarosa de los cursos de agua, la producción anárquica y descartable con la consiguiente producción de desechos, todo esto en función de priorizar la ganancia y concentrar la riqueza.
En la zona oeste del gran Bs. As. esto quedó plasmado en los últimos días y como ejemplo podemos tomar algunas de las situaciones vividas.
En la ciudad de Lujan, el río desbordó producto de los desvíos de las aguas hechos por los productores agropecuarios en los campos y el negocio inmobiliario en la zona de la desembocadura del río Lujan. Lo cual produjo sobre dimensión  y  obstrucción  en la circulación del flujo de aguas con los consiguientes daños producidos y la afectación de más de 9.000 personas.
En el municipio de Moreno,   al decir del mismo gobierno municipal, se vieron afectadas más de 5000 familias. En barrios como Marilo o Trujui de Paso del Rey, los vecinos manifestaban: “acá el Señor responsable del distrito de Moreno nunca tuvo en cuenta a la gente que vive en el fondo, que para él no existe.”
O  en La Reja, donde los vecinos de Cortejarena  y de Santa Bárbara  se autoconvocaron cortando la Ruta 7 y se movilizaron al palacio municipal donde funcionó el “Comité de Crisis” allí exigieron soluciones inmediatas, esto comentaban los vecinos: “Vivimos en una zona donde no hay canalización, no hay entubados del agua. Tenemos el terraplén del tren y debajo hay un conducto que no da abasto. Tampoco hay mantenimiento en la zona. Las zanjas se desbordaron y esto hizo que en menor tiempo terminemos inundados con 60 centímetros y hasta un metro dentro de nuestras casas”.
En La Reja Grande se inundó  debido a lo que “no hizo el Estado” y si hizo el barrio privado San Diego  (con la anuencia del Estado a su servicio) quienes para  subir rápidamente a la Autopista construyeron un acceso, elevando el terreno y apropiándose  de la calle Juana Azurduy; es por esto que al decir de los vecinos “ La Reja Grande se inundó porque el poder de los poderosos no tuvo en cuenta el mínimo sistema de drenaje. “,“Jamás nos inundamos y vivo en Reja Grande desde que nací. Ahora se inundó todo, había calles que estaban llenas de agua. Si bien a llovido mucho creemos que es consecuencia de la nueva entrada al Country San Diego, porque levantaron muchísimo. Vivo enfrente y vi la cantidad de camiones que trajeron para rellenar y ahora toda el agua que iba para el arroyo ahora viene para el barrio”
Fue tan grande la indignación, que los vecinos se autoconvocaron sobre el Acceso Oeste a la altura del Km. 46 cortando la circulación del mismo y decidiendo accionar de igual forma contra el San Diego, realizando un piquete en el flamante acceso, obligando a los directivos del barrio privado a presentarse en el lugar y comprometerse a realizar las obras necesarias para que las aguas escurran.
El corte duró tres horas y los vecinos sólo se replegaron luego de que la gendarmería reprimiera con la brutalidad acostumbrada. Mientras esto ocurría, los vecinos nos decían: “nos vamos porque nos tiraron todos los milicos encima, pero no alcanza con que prometan obras, queremos recuperar todo lo que perdimos y vamos a volver para que nos paguen lo que corresponde”.

Ajuste: la verdadera crisis es política



La tapa del diario Clarín del día de ayer titulaba: “QUINCE PROVINCIAS QUIEREN UN TOPE DEL 25% A LA SUBA SALARIAL”. Esta noticia no es más que otro síntoma de debilidad política que expresa a las claras que están queriendo frenar la lucha de toda la clase trabajadora por aumentos de salarios que superen la inflación galopante de estas últimas semanas.
Tras cartón, el gobierno nacional expresó en voz de Capitanich que se deben ejecutar las negociaciones paritarias una vez al año, como viene sucediendo en los últimos diez años. Intentó responder así a lo que se hace sentir en muchos lugares de trabajo donde frente a la inflación, el reclamo salarial es permanente, porque se sabe del brutal ajuste al que nos están sometiendo.
Todas las maniobras y las declaraciones que se hacen en la superestructura política mediante sindicalistas, políticos, medios de información, son parte de las pretensiones de la burguesía  de encorsetar la lucha dentro de los despachos de las instituciones burguesas, llámense empresa, sindicatos o gobierno.
Ellos se sacan los ojos a la hora de los negocios pero cuando se trata de atacar a la clase obrera y el pueblo no hacen más que ir todos con el mismo discurso de la crisis económica, ocultando que la verdadera crisis es política porque no pueden resolver el ajuste de un solo mazazo porque el pueblo no se los permite.
En este juego entran los “opositores”, que  arremeten contra el gobierno diciendo que se robaron todo y que se quedan sin billetera para sostener todo su aparato de corrupción y negocios espurios, pero sin atacar las instituciones burguesas; y desde el gobierno apuntan los caños con extorsiones hacía la clase obrera y el pueblo de que miremos como está la situación en el mundo… de que tenemos que cuidar nuestros trabajos… Los unos y los otros se manejan bajo el mismo discurso para ocultar la verdadera esencia de las cosas: la plusvalía la extraen a sangre y fuego de la clase obrera y el pueblo.
Por otro lado, lo que se expresa en la clase obrera, es la bronca y la firme decisión de salir a luchar por recuperar lo que mediante la voraz devaluación la burguesía nos arrebató. Sabemos que nunca habrá un salario digno para el trabajador en este sistema capitalista pero la lucha salarial hoy por hoy es cada vez más política, porque muestra la crudeza del Estado de los monopolios y a quién representa este Estado, y le permite a la clase obrera organizarse y golpear a la oligarquía financiera donde más le duele: las ganancias. En esta lucha por las conquistas, las ideas revolucionarias empujan hacía adelante, porque se contraponen a las concepciones y a las políticas del Estado Burgués e impulsan al Hombre a luchar y construir un futuro digno.

Combinar la lucha por el salario con la unidad en la lucha contra el capitalismo


En su último discurso, la presidenta Cristina Fernández repitió una letanía que no omite decir cada vez que puede: “No está mal que los empresarios ganen plata…” y remató “Necesitamos una burguesía nacional”.
Lo que no dice la oligarca presidenta es que los empresarios ganan plata no pagando horas de trabajo al obrero. Pues la ganancia o plusvalía sale de allí y no de otro lado.
Salario y ganancia son dos términos antagónicos y excluyentes. El crecimiento de uno depende de la disminución del otro. Son el agua y el aceite. Lo cual significa que todo aumento de salario provoca disminución de la ganancia del burgués y, en el otro extremo, todo aumento de ganancia implica disminución del salario del trabajador.
Cuando la presidenta propone cuidar los precios para “cuidar” el poder adquisitivo del salario, es como proponer embellecer la tumba del muerto. El muerto, muerto está y ninguna adorno lo revivirá. Porque la devaluación, la inflación (el aumento generalizado de TODOS los precios) ya se realizó y con los “precios cuidados” se intenta alimentar la fantasía (que ya nadie cree) de que con ello se defiende el poder adquisitivo del salario ¡¡irremediablemente ya perdido!!
La única manera de defender el salario es mediante el aumento del mismo. Y nos referimos no sólo al valor nominal sino, fundamentalmente, al valor de cambio. Concretamente, cuántas mercancías del mismo tipo que compraba antes de la devaluación y del aumento de precios puedo comprar ahora.
Y en ese punto es donde la presidenta muestra su vocación oligarca de defensa incondicional de su clase dueña de los monopolios, llamando a la prudencia a los trabajadores y diciéndole al burócrata Caló que tiene que estar más preocupado por el “cuidado de los precios” que por pedir aumentos de salarios.
El punto central del problema para los trabajadores, en este momento, está puesto en conseguir aumentos de salarios que no sólo emparejen el poder adquisitivo perdido por la devaluación y el aumento generalizado de los precios, sino también que prevean una mejor condición salarial para afrontar el año que tenemos por delante y avanzar en la disputa por la distribución de la riqueza.
Ésa es la pulseada y es, a la vez, la permanente lucha que deberemos dar mientras este sistema capitalista esté en pie. La lucha por el salario es política y depende de nuestra acción independiente en las bases, debido a que la burguesía mundial, transnacional, tiene como política la disminución permanente del salario de todos los trabajadores para el achicamiento de costos, a fin de eliminar competidores sosteniendo, o mejorando en lo posible, su nivel de ganancias. Ningún burgués resignará por sí mismo ni medio punto de sus ganancias. Ningún gremio tendrá otra actitud más que intentar frenar con engaños o mediante la instalación del miedo, las luchas y la unidad de los trabajadores desde las bases.
Por esa misma razón, es que a los obreros, los trabajadores asalariados y el pueblo en general, no nos queda otro camino que luchar simultáneamente en contra del sistema capitalista basado en que la ganancia de la burguesía está dada por las horas de trabajo no pagadas como salario, pues de lo contrario, si no derrotamos al capitalismo, estaremos condenados a luchar en forma interminable, generación tras generación, por sostener el poder adquisitivo de nuestros magros ingresos, con el agravante de que en esa disputa, a la larga, siempre perderemos. La burguesía y todo su sistema están débiles políticamente, porque es precisamente este tema el que no pueden ocultar como lo han hecho históricamente. Su avidez de ganancia los ha llevado a este punto en el que el pueblo tiene ante sí un solo camino a transitar.
La unidad de todo el pueblo tiene su base material en ese eje. Todo llamado a la unidad que no contemple el poder adquisitivo de los ingresos populares basado en el valor de cambio de los mismos, es artera mentira. La unidad popular se cimenta en contra de la ganancia de la burguesía en todos los aspectos de la vida, hasta en las reivindicaciones más espirituales, en suma, en las aspiraciones del pueblo a una vida digna.
Nuestra unidad política como pueblo tiene como objetivo implícito no sólo conseguir los medios para capear momentáneamente la situación en la disputa con la clase burguesa antagónica a nuestros intereses sino, fundamentalmente, cortar de raíz la causa que genera los problemas que condenan a la actual vida caótica a la que nos sume esta forma capitalista de organización de la sociedad.
Y ésa es la razón por la cual necesitamos una expresión orgánica y política de ese sentido de unidad. Hacia allí van dirigidas las intenciones del “Llamamiento del 17 de agosto” que está en marcha.

Intento de extorsión para sostener la devaluación del salario


La salvaje devaluación del salario, objetivo central de las últimas medidas políticas tomadas por el gobierno de los monopolios, ha puesto a toda la clase trabajadora en situación de combate.
Su creciente disponibilidad a la lucha, estado deliberativo y rápida organización ha encendido las luces rojas de las alarmas de toda la burguesía que ya pronostican, públicamente, un año de duros enfrentamientos clasistas.
En artículos anteriores decíamos que los próximos meses serán  “de toma y daca, de palo y palo” en el terreno de la lucha salarial.
De inmediato han empezado a utilizar, como mecanismo de extorsión frente a la ofensiva en la lucha salarial, las suspensiones “por falta de insumos importados” como en tierra del fuego y las automotrices Fiat, Renault, General Motor y Peugeot –ya un clásico y habitual mecanismo para disputarse entre los burgueses, vía subsidios, prebendas y exenciones, el excedente producido por todo el pueblo trabajador y recaudado por el Estado–.     
La presión desde abajo ha condicionado a toda la burocracia sindical, que se ha visto forzada a hacer como que “radicalizan” su discurso metiéndose en un verdadero berenjenal de difícil salida frente a las “modernas” funciones que le fueron asignadas por la oligarquía financiera de control, coerción y represión de todo intento de lucha de la organización independiente de los trabajadores por fuera de “los canales institucionales” -léase sindicato- .
Uno de los casos más emblemático, por patético, es el de Ricardo Pignarelli, secretario general de SMATA –manifiesto fanático cristinista- que por un lado, pretende que los trabajadores se coman el sapo perdiendo de sus salarios todo lo que se comió la inflación el año pasado y se arranque de cero con paritarias trimestrales. Y por otro lado, en las terminales automotrices, manda a caminar las secciones a su tropa de delegados serviles a controlar, perseguir y apretar todo lo que se mueva fuera de los cánones empresariales, en medio de un ambiente de furia creciente de los obreros que los hace asemejar a perros caniches domésticos en medio del Kalahari africano.
“De toma y daca” será la lucha este año y la unidad, organización y la inteligencia y viveza que deviene de la misma, serán las ventajas de frente a la burguesía y sus esbirros de turno.