Las cuatro
multinacionales de la alimentación (Cargill, Archer Daniels Midland
(ADM), Bunge y Louis Dreyfus), controlan el 70 por ciento del comercio
mundial de alimentos.
Estas, junto con Monsanto, ConAgra, Kroger CO y algunas otras suministran los insumos y luego comercializan los productos a través de Wal Mart, Carrefour, etc.
Estas, junto con Monsanto, ConAgra, Kroger CO y algunas otras suministran los insumos y luego comercializan los productos a través de Wal Mart, Carrefour, etc.
De esta forma, estas
multinacionales controlan toda la cadena de producción y distribución,
suministrando los insumos y acumulando los beneficios en la
comercialización.
Al mismo tiempo, los
bancos Bank of América, Goldman Sachs y JP Morgan; Credit Suisse,
Deutsche Bank, HSBC, Rabobank, UBS, por su parte, ponen en circulación
“contratos a futuro” que se prolongan indefinidamente. Así entonces, un
contrato a futuro de venta de arroz, o de trigo, se convierten en un
producto financiero como lo eran antes las hipotecas. Los fondos se
negocian en el mercado, lo que no significa que se adquiera la propiedad
del producto. La especulación transforma el acaparamiento físico del
grano en un acaparamiento “virtual”, por lo que los especuladores
(bancos, fondos de inversión, etc.) fijan el precio mundial de los
productos, y acumulan los beneficios, aunque nunca hayan sembrado una
semilla. Todo este proceso implica un intrincado entrecruzamiento de
intereses entre los bancos, las empresas de insumo, de comercialización.
Es decir, no es que unas producen y las otras especulan; todo el
proceso es llevado adelante por los capitales industriales y bancarios.
Para tener una idea de
la magnitud de este proceso, la cifra de capitales destinados a los
commodities era de 5.000 millones de dólares en el año 2000 y en 2007
era de 175.000 millones de dólares.
Así como la
especulación inmobiliaria hacía subir el precio de los inmuebles, la
especulación financiera hacer subir el precio de los alimentos. Miles de
millones de personas en el mundo estamos expuestas a los vaivenes de
los precios en los alimentos dictados por una minúscula porción de la oligarquía financiera mundial.
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