Este es el cuento, el relato oficial, como si no supiéramos que fue terrible, como si no lo estuviéramos sintiendo en nuestro propio cuero y en el de nuestras familias y vecinos.
Sí, el temporal fue terrible, imprevisible como todo fenómeno natural, y esto sin entrar en profundidad en las razones del porqué del cambio climático. El problema para el pueblo son las consecuencias, pero evidentemente no lo son para el Estado y sus gobiernos, si vemos su “reacción” frente a la situación en que quedo sumergida al población.
18 muertos, centenares de heridos, sin luz, sin agua, sin teléfonos, miles de techos volados, talleres paralizados, comercios destruidos y los alimentos perecederos perdidos, desabastecimiento, los barrios a merced la inseguridad, etc.
La respuesta inmediata del Estado fueron balas y palos a los cientos de movilizaciones, de cortes y reclamos, (mostrando allí su verdadera cara y jugando un aceitado papel de clase). Todo esto como si debiéramos asumir mansamente la situación, como un castigo divino, como si no hubiese responsabilidades políticas a la hora de evitar muchas de las consecuencias y por ende, apaciguar los males causados.
Mientras que para la burguesía, sus políticos y sus medios, lo importante es si Boudou es corrupto o no, o el nuevo relato para mantener “la llama de Malvinas”; el pueblo, a través de la solidaridad y la organización, resuelve las emergencias de alimentación, salud, vivienda, seguridad, frente a un Estado bien presente en su inexistencia para las clases populares.
La burguesía es así, por naturaleza. Sólo le interesa contar los millones que obtiene producto del trabajo y el esfuerzo de nuestro pueblo; y es y será consecuentemente indiferente a las necesidades del pueblo.
Su conducta inhumana la podemos ver y sufrir cotidianamente en cómo vivimos, cómo nos alimentamos, cómo viajamos; y también en su actitud frente a una larga lista de catástrofes previsibles, como en Villa Río Bermejito en el Chaco (en donde aún se esperan respuestas a las inundaciones), o República Cromañón , o el reciente desastre ferroviario en la estación Once.
Por eso, a pesar del dolor y el desastre, la verdadera y única forma de actuar frente a todo esto nos la está enseñado una vez más el pueblo movilizado, no sólo saliendo a las calles para hacer escuchar su reclamo, sino resolviendo codo a codo las urgencias entre los vecinos, entre los hermanos de clase.
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