domingo, 9 de junio de 2013

Hacen humo con la corrupción para intentar tapar los problemas más graves

La recontra consabida cantinela de la corrupción otra vez anida en los medios, no sólo como  una cuestión recurrente para esconder las luchas que se vienen dando en el país, sino también para  pretender armar un discurso medianamente creíble frente al descreimiento generalizado que estropea cualquier intentona de convencer que los denunciantes son menos corruptos que los denunciados o directamente no lo son. En su afán de mantener los designios de la democracia burguesa y sus mecanismos de funcionamiento el poder político está más que preocupado y apelan al recetario de denuncias de corrupción de vieja data, encolumnando tras ellas una caterva de personajes y partidos burgueses “non sanctos” como única alternativa electoral.  Es que la crisis política y económica que tiene a la burguesía y a su superestructura a mal traer, la lucha de clases, no les da respiro y en semejante realidad el panorama electoral se torna muy cuesta arriba; por ello intentan, de una y mil formas, generar viejos debates por ejemplo, Izquierda/derecha o el trillado tema de la corrupción, pretendiendo utilizar viejas recetas frente a un estado de ánimo muy caliente que se expresa en luchas, enfrentamientos y conquistas, construyendo unidad y autoconvocatoria por abajo y demandando unidad política para conquistar una vida digna.      
La cacareada corrupción, que es tan propia del sistema capitalista, no dice nada que no sepamos. Sin embargo, es preferible para el burgués denostar con discursos a ciertos corruptos de su propia clase que hablar de derogación del impuesto al salario o del saqueo de tierras a los pueblos originarios, etc. Tan enredados están con los negocios de la oligarquía y en las disputas por hacer negocios y robarse unos a otros ventajas comerciales, imponer leyes reaccionarias, tan subordinados a los intereses y tan corrompidos por la ganancia, que son incompetentes para expresar cualquier recambio que revista un sesgo de seriedad frente a los trabajadores y el pueblo que ya no los quieren. No es posible disociar la disputa parlamentaria que se avecina con esta realidad: el contenido se corresponde con la forma. Corrupción y poder burgués van de la mano.      

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